Peru, Republic of (Press Release) December 13, 2007 --
Así es, el baile de quiebres y pícaras sonrisas de enamoramiento entre hombre y mujer. El hombre en acción de conquistar al compás del bailoteo y la mujer en derroche de coquetería ante el inminente galanteo.
Un ambiente de desenvoltura y espontaneidad con que se expresa la marinera, y que se celebra cada año en el Concurso de Marinera, desde hace ya 47 años, con el fin de rescatar y valorar nuestra danza, gracias a un trabajo de mucho esfuerzo, perseverancia y motivación. Constituyéndola en una de las festividades más sobresalientes del calendario turístico peruano, a través de los años. Un evento que ilusiona y entusiasma tanto a peruanos y foráneos que prolongan su estadía ante engatusado espectáculo.
Un suceso institucional que ha crecido en importancia, en participantes pero que va más allá de una simple competencia, y que ha servido como fuente de inspiración para que se expanda en cualquier otro lado del planeta donde los redobles iniciales hagan vibrar a toda comunidad peruana que habite en el exterior.
Retomando a la danza en sí, la marinera representa el cortejo que el varón hace a la mujer hasta "rendirla", similar al del gallo a la gallina, con movimientos previos para conseguirla.
Palmas que acompañan y marcan el ritmo de los pasos característicos de la marinera, el chispeante "coqueteo" y el hábil "cepillado" con los pies. Se convierten en cómplices de un fino galanteo.
Un baile de cortejo en el que el amor nace del mágico revoloteo de los pañuelos. Una insinuación de sentirse enamorados del baile, de la gente, de la calidez de la ciudad, de Trujillo.
Pretender resumir lo que se vive estos días en el concurso es como intentar aprender a bailar la marinera sin poseer la gracia y el movimiento adecuado. Pero lo que si no cabe duda en decir, es el palpitar que nos hace sentir la mezcla de ritmo, habilidad, elegancia, picardía y encanto que ostenta el baile.
La algarabía y el júbilo total, acompañados de un hermoso y caluroso clima, nos suscita a ‘refrescar’ los latentes recuerdos hacia la capital de la primavera en un relajante ‘chapuzón’ en la piscina del Hotel Libertador Plaza Mayor Trujillo, y quedar sumergidos en una experiencia enamoradiza.
Un ambiente de desenvoltura y espontaneidad con que se expresa la marinera, y que se celebra cada año en el Concurso de Marinera, desde hace ya 47 años, con el fin de rescatar y valorar nuestra danza, gracias a un trabajo de mucho esfuerzo, perseverancia y motivación. Constituyéndola en una de las festividades más sobresalientes del calendario turístico peruano, a través de los años. Un evento que ilusiona y entusiasma tanto a peruanos y foráneos que prolongan su estadía ante engatusado espectáculo.
Un suceso institucional que ha crecido en importancia, en participantes pero que va más allá de una simple competencia, y que ha servido como fuente de inspiración para que se expanda en cualquier otro lado del planeta donde los redobles iniciales hagan vibrar a toda comunidad peruana que habite en el exterior.
Retomando a la danza en sí, la marinera representa el cortejo que el varón hace a la mujer hasta "rendirla", similar al del gallo a la gallina, con movimientos previos para conseguirla.
Palmas que acompañan y marcan el ritmo de los pasos característicos de la marinera, el chispeante "coqueteo" y el hábil "cepillado" con los pies. Se convierten en cómplices de un fino galanteo.
Un baile de cortejo en el que el amor nace del mágico revoloteo de los pañuelos. Una insinuación de sentirse enamorados del baile, de la gente, de la calidez de la ciudad, de Trujillo.
Pretender resumir lo que se vive estos días en el concurso es como intentar aprender a bailar la marinera sin poseer la gracia y el movimiento adecuado. Pero lo que si no cabe duda en decir, es el palpitar que nos hace sentir la mezcla de ritmo, habilidad, elegancia, picardía y encanto que ostenta el baile.
La algarabía y el júbilo total, acompañados de un hermoso y caluroso clima, nos suscita a ‘refrescar’ los latentes recuerdos hacia la capital de la primavera en un relajante ‘chapuzón’ en la piscina del Hotel Libertador Plaza Mayor Trujillo, y quedar sumergidos en una experiencia enamoradiza.

Todos los años, a finales de enero, la ciudad de Trujillo se viste de gala. Su cielo hermoso se ve revoloteado por agitados pañuelos que van a la comparsa del redoble inicial de la marinera.
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